Participación política

La participación política es el conjunto de acciones llevadas a cabo por los ciudadanos que no están necesariamente involucrados en la política de forma directa, y cuya acción pretende influir en el proceso político y en el resultado del mismo. Para comprender la idea de participación política, primero se ha de plantear el concepto de política, que para este caso, se podría describir como el mecanismo social de resolución de conflictos entre colectivos con intereses diferentes, donde un mayor grado de complejidad social acarrearía un número mayor de intereses distintos. Partiendo de esta explicación, el político sería el individuo encargado de llevar a cabo acuerdos entre intereses confrontados con el fin de encontrar una solución común a todos ellos, o en su defecto, buscar una forma de que éstos no perjudiquen al orden y al sistema político. El político, por tanto, es aquel que resuelve los conflictos mediante el manejo de voluntades para lograr alcanzar un bien común para todos. Dentro de este contexto, la participación política y la participación ciudadana se encuentran relacionadas.

Definición

Atendiendo al primer esbozo del término participación política, éste se refiere a cualquier acción de los ciudadanos dirigida a influir en el proceso político y en las decisiones y resultados emanados de él. Comprende, a su vez, todas las acciones colectivas o individuales, ya sean legales o ilegales, apoyando o presionando al orden establecido y mediante las que una o varias personas intentan incidir en las decisiones acerca del tipo de gobierno que debe regir su sociedad, en la manera cómo se dirige al Estado en dicho país, o en las decisiones que toman desde el gobierno y que afectan a la comunidad o a sus miembros.[1] Estas acciones pueden orientarse a la elección de los cargos públicos; a la formulación, elaboración y aplicación de políticas públicas que éstos llevan a cabo; o a la acción de otros actores políticos relevantes. La participación política requiere, por tanto, de un comportamiento observable llevado a cabo en un ámbito público o colectivo por parte de un ciudadano para poder ser considerada como tal. Esta definición incluye, por ejemplo:

Participación ciudadana implica decir que cualquier ciudadano con ciertos requisitos, como ser mayor de 18 años o tener la ciudadanía natural vigente o legal con un grado de antigüedad y buen comportamiento permite postular a cargos municipales, ejercer el derecho al voto o a la libertad de expresión y manifestación.

Agentes de la participación política

Los participantes

Al hablar acerca de los grupos de personas que participan políticamente se establecen, fundamentalmente, dos sistemas de clasificación, dependiendo de si atienden al nivel o al tipo de participación:
En función del nivel de participación, se puede dividir a su vez en:[2]

  1. Apáticos: aquellos que no ejercían su derecho al voto.
  2. Espectadores: los que sólo se limitaban a votar.
  3. Gladiadores: los que tomaban parte de forma activa en la campaña electoral, así como en las demás actividades implicadas.

En función del tipo de participación pudiendo subdividirse en:[3]

  1. Inactivos: tratándose de individuos que no ejercen ningún tipo de participación.
  2. Conformistas: siendo éstos aquellos que solo participan de vez en cuando.
  3. Contestatarios: refiriéndose a los grupos de personas que se movilizan de forma directa.
  4. Reformistas: los grupos de personas que se movilizan de forma institucional.
  5. Activistas: que se movilizan tanto de forma directa como institucional.

No obstante, no se puede desvincular esta clasificación por el nivel y el tipo de participación de cada individuo o de los colectivos de los factores o los motivos que empujan a la toma de ese movimiento y, por consiguiente, del inicio de la participación política.

Motivos de la participación política

En cada colectivo y circunstancias particulares hay una serie de factores que intervienen para el desarrollo de un tipo de participación u otra, sin embargo hay puntos dentro de estos factores que resultan relevantes para la ciencia política en cuanto a que ciertos de estos aspectos pueden alentar o no la participación ciudadana. Estos, se den en un país o en forma varios de manera simultánea o comparada, pueden dar pistas para la identificación de las diferencias en los niveles de participación entre grupos sociales o países distintos, pudiendo así incluir modelos que expliquen las variables que conforman estas diferencias. Unos datos que proporcionan más detalles acerca de los niveles de alta o baja participación atendiendo a grupos determinados dentro de las sociedades o países, pudiendo ser usados por los agentes gubernamentales para implementar medidas legislativas que faciliten o mejoren los sistemas de participación más habituales, como por ejemplo las votaciones. No obstante, esta práctica no sólo aporta beneficios para la organización política, sino que, al igual que se pueden aprobar medidas para facilitar las vías de participación política y ciudadana, la información recogida puede ser usada de la misma manera para hacer más difícil la comunicación entre participantes políticos y el aparato de gobierno instalado, limitando así las libertades de todos los ciudadanos. De esta forma, las referencias recogidas de los niveles participativos proporcionan datos que son la base de los análisis que contribuyen, tanto a la mejora como al empeoramiento de los sistemas políticos vigentes en la actualidad o en el pasado, aunque siempre ayudando a que haya una mayor comprensión de cómo funcionan. Los estudios realizados hasta la fecha, han dividido los factores influyentes en el nivel de participación en dos clases: individuales e institucionales.[4]

En primer lugar, mediante el análisis de los datos a los que se tiene acceso, se busca averiguar si hay características de carácter individual o características sociológicas y psicológicas que estén asociadas con los niveles de participación. Se refieren a una serie de recursos individuales, como son la edad, el nivel educativo, los ingresos, el tiempo disponible, etc. que pueden condicionar por qué las personas se mueven y el momento en el que deciden hacerlo. Los resultados obtenidos indicaron que los más activos eran los adultos, situándose por encima de los jóvenes y ancianos. En cuando a la diferenciación por sexos, los hombres, tendían a ser más participativos que las mujeres y en cuanto a los recursos socio-económicos, aquellos con un mayor nivel de los mismos se movilizaban más que aquellos con un nivel inferior. Sin embargo, el factor más importante y determinante en todos los campos anteriores es la educación recibida, siendo las personas con un mayor nivel de educación formal las que presentaban mayores niveles de participación política.[5] En cuanto al grado de motivación personal de cada individuo, este venía muy relacionado a las redes sociales y a la pertenencia a los grupos y organizaciones de carácter político. Tratándose de organizaciones de reivindicación, movilización, cohesionadas y proyectados hacia los objetivos y cambios a conseguir. Esto se debía al interés que las personas integrantes de estos colectivos mostraban en la política, y que encontraban reforzado en un ambiente en el que el resto de miembros compartía sus aspiraciones y metas. Estos grupos fomentaban la integración de los componentes del grupo, creando una identidad política común, manteniendo a la comunidad activa y comprometida entre sí y con su fin.

En segundo lugar, los aspectos institucionales tienen características propias del sistema político en el que se encuentran así como del sistema judicial que lo rige. Dentro de las facultades que otorga el sistema jurídico están las competencias y detalles del sistema electoral, entre las que se encuentran el tipo de sistema del que se trata [como si es proporcional o no, habiéndose demostrado que los sistemas propocionales provocan mayor participación que los mayoritarios, donde los votantes tienden a sentir que con los sistemas mayoritarios, su voto no se ve reflejado en los representantes electos, por lo que optan por no votar[6]], la obligatoriedad del voto, los derechos y facilidades del elector, el registro electoral, etc. todos ellos aspectos que dependiendo de su organización tienen la capacidad de alterar los niveles de participación política. Si a esto se unen los esfuerzos que hacen los partidos políticos y otras grandes organizaciones sociales de influencia, entran en juego los distintos clivajes que se dan dentro de la ciencia política. Todos estos aspectos están estrechamente vinculados con la evolución que a lo largo del proceso histórico, que ha llevado a un sistema político con unas normas e instituciones. Son esas normas las que organizan los conflictos intentando que las decisiones lleguen a vincular al número mayor de personas posible. Sin embargo, si estos sistemas no solucionan los problemas de la gente, pierden legitimidad ante el público general.

Democracia y mecanismos de participación

Participación y empoderamiento ⇒ Barrio Villas Del Sol - Territorio de Derechos

Ante el concepto de democracia, encontramos dos teorías normativas y dos enfoques distintos que atienden a la relación de la participación ciudadana con ella. Por una parte encontraríamos una que afirma que a mayor participación, habría mayor democracia y otra que afirma todo lo contrario. Según la primera, apoyada en la llamada Escuela Elitista de la Democracia, surgida a mediados del siglo XX, las élites democráticas tendrían una mayor autonomía y libertad con poca participación política. Ya que esto propiciaría una democracia más estable, dado que las élites, que controlarían el sistema político, serían las únicas con la cultura política y la verdadera vocación democrática necesarias como para guiar una auténtica democracia. En este sentido, altos niveles de participación de las masas, podrían desequilibrar ese sistema político, acabando con el objetivo de alcanzar el mayor grado de bienestar posible para todos.[7] Por otra parte, la Escuela de la Democracia Participativa, defendía, siguiendo la idea de Rousseau, que para proseguir en el camino de la democratización, se debían potenciar mecanismos de participación política, que facilitaran el poder y el control ejercido por la ciudadanía sobre los que gobernaban, así como la potenciación de vías de comunicación entre unos y otros, algo más sencillo de llevar a cabo hoy en día dadas las infraestructuras tecnológicas existentes.
Atendiendo a la última teoría, dentro de los modelos de participación política brindados, aparece un comportamiento de participación en la que ésta puede ser de carácter representativo o directo.

  1. Participación representativa: se plantea a través de la elección de unos individuos (representantes) que toman un lugar privilegiado a modo de delegados del colectivo, transmitiendo los intereses de los demás a los órganos del sistema político. Así los ciudadanos inflcuencian a sus representantes más lejanos, pero no participan de forma directa en las decisiones ni en la política diaria.
  2. Participación directa: el caso en el que se llegase a la participación directa, se involucra a la ciudadanía en la toma de decisiones. Si la democracia representativa no consigue las soluciones de los problemas de la sociedad, en ocasiones se aboga por una intervención directa de la población, en la que ésta tendría una participación continua en la toma de decisiones diarias, decidiendo en su conjunto.

Una vez que se ha respondido al modo en el que se va a ejercer la participación política. Esta puede hacerse, como se ha introducido previamente, mediante el voto, campañas de concienciación o de protesta, influyendo en las decisiones de consumo de un colectivo, contactando con los medios de masas o con los representantes de los partidos políticos.

Si bien los principales y más conocidos métodos de participación política son los siguientes:

Existen otras formas directas de participación, que son igualmente mecanismos de opinión y de elección pública:

Véase también

Referencias

  1. Conway, M.: La Participación Política en los Estados Unidos, Ediciones Gernika, México, 1986. Págs. 11-25
  2. Milbrath, L. y M. Goel: Political Participation, 2.ª. Edición, University Press of America, Boston, 1977
  3. Barnes y Kaase, 1979
  4. Verba, S., N. Norman y J.O. Kim: op. cit. pp. 80-93.
  5. Kavanagh, D.: Political Science and Political Behaviour”, Londres: George Allen & Unwin, 1983, pp.181-186
  6. Lijphart, A., op. cit. p.7. Crewe, I.: “Electoral Participation”, en D. Butler et al. (comp.): Democracy at the Polls, Washington: American Enterprise Institute. Pág. 256. Ladner, A. y H. Milner: “Do voters turn out more under proportional than majoritarian systems? The evidence from Swiss communal elections”. Electoral Studies, 18, june, 1981, pág. 236
  7. Almong, G. y S. Verba: The Civic Culture. Princeton: University Press, Princeton, 1963. P. 478. Kavanagh, D.: op. cit. pp.176-178. Bachrach, P.: Crítica de la Teoría Elitista de la Democracia, Amorrortu, Buenos Aires, 1983. Pp. 146-165
  8. Montaño (2005)

Bibliografía

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